lunes, 13 de abril de 2026

Leer cambió para mí (y está bien)


Antes leer era distinto.

Podía pasar horas sin parar, avanzar capítulos completos en una tarde, perderme completamente en una historia. Era algo natural, parte de mi rutina, casi sin esfuerzo.

Hoy no.

Hoy soy enfermera.
Soy mamá.
Soy esposa.

Y entre turnos, responsabilidades, una casa que no se detiene y un bebé que lo es todo… leer ya no tiene el mismo espacio.

Ahora leo cuando puedo.
Cuando hay silencio (aunque sea por poco rato).
Cuando mi bebé duerme.
Cuando ya hice todo lo que tenía que hacer… o al menos lo más urgente.

A veces leo una página y me quedo dormida.
A veces releo el mismo párrafo porque mi mente sigue en el trabajo.
A veces simplemente no alcanzo a leer nada en todo el día.

Y durante un tiempo pensé que estaba fallando.
Que ya no era “la misma lectora”.

Pero no.

Estoy leyendo desde otro lugar.

Desde una vida más llena, más exigente… pero también más profunda.

Como enfermera, veo realidades que te cambian. Días intensos, emociones que se quedan contigo incluso cuando llegas a casa. Y en medio de todo eso, leer se volvió algo distinto: un espacio pequeño, pero muy necesario.

Como mamá, aprendí que el tiempo ya no es mío completamente. Que cada minuto cuenta. Y aun así, buscar unos minutos para leer se siente como un acto de amor propio.

Como esposa, también entendí que la vida se comparte, que hay otros tiempos, otras prioridades… y que eso también está bien.

Leer cambió, sí.

Pero no desapareció.

Se transformó.

Leer lento también es leer.
Leer poco también cuenta.
Leer cansada… también es válido.

Hoy la lectura no es una meta.
Es un refugio.

Y quizás no leo como antes…
pero siento mucho más lo que leo.

Y eso, para mí, vale más.

💭 Si estás en una etapa donde la vida va rápido y leer se vuelve difícil, quiero decirte algo: no lo estás haciendo mal. Solo estás leyendo desde otra versión de ti.




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